Es inevitable, no se habla de otra cosa, la crisis financiera arrecia y ha desplazado a todo lo demás a un segundo plano. Es, posiblemente, el sÃntoma más claro del agotamiento del modelo económico capitalista, que hasta ahora se habÃa vendido como la panacea para el desarrollo. Pero no es el único, porque este modelo también es el responsable de otras crisis, quién sabe si no más crÃticas que esta primera, como son la energética, la alimentaria y también la ecológica.
La crisis nos golpea a toda/os, pero especialmente a los pueblos empobrecidos de la periferia que, sin tener ninguna responsabilidad en el problema, pagarán, como siempre, los platos rotos por los poderosos, y sufrirán las consecuencias más graves del mismo, junto a los desposeidos que no tienen para vivir mas que su propio trabajo.
Pero la crisis también puede tener una cara positiva si consigue sacarnos de la pasividad y la sumisión a esta realidad económica y provoca un cambio profundo en el sistema socio-económico y las relaciones humanas a gran escala. Un cambio hacia un nuevo orden mundial en el que la economÃa esté al servicio de las personas y no al revés. De nosotra/os depende provocar ese cambio. Por este motivo, en esta hoja os invitamos a reflexionar sobre este tema tan transcendente para el futuro de la humanidad.