Ya estamos en verano, y en estos meses es habitual que muchos de nuestros misioneros y misioneras aprovechen para venir a sus tierras de origen a visitar a la familia y amistades. Muchos de ello/as no pueden venir mas que una vez cada dos o tres años, por lo que su presencia aquà es una ocasión excepcional para conocer de primera mano su trabajo y su experiencia misionera en los lugares donde trabajan. Por ese motivo, cada vez que alguno/a de ello/as viene por nuestro pueblo promovemos encuentros con nuestra comunidad para que transmitan y compartan su experiendia y den testimonio.
Sus palabras y vivencias puede servir para abrir nuestros ojos, y nuestro corazón, a otras realidades, habitualmente de los más empobrecidos y excluidos de todo el planeta, que no cuentan para lo medios de comunicación. Su testimonio es uno de los mayores estÃmulos para la fe. Ellos y ellas sirven de puente de unión entre Iglesias hermanas que tratan de servir al Evangelio desde contextos muy diferentes.
Este mes os traemos el testimonio de un misionero indÃgena de Ecuador, que aunque no es de nuestra tierra, ha pasado por aquà unas semanas y se ha prestado a escribir para esta hoja. Esperamos que sus palabras sean estÃmulo para nuestra reflexión veraniega.